La reproducción de los peces es un proceso natural, pero también de cierta complejidad. Ten en cuenta que los acuarios no son los espacios habituales de estos animales, por lo que, como interviene la mano del hombre en ellos, se alteran los procesos naturales que se desarrollan en esos medios.

Por consiguiente, vas a tener que valorar qué medidas tomas para que, en la medida de lo posible, la reproducción y crianza se lleven a cabo sin mayores inconvenientes.

El apareamiento de los peces requiere unas condiciones determinadas

Efectivamente, no puedes dejar a la improvisación el apareamiento de los peces en cautividad. Así que lo primero que tienes que hacer es analizar qué especies estás criando, dado que cada una de ellas tiene unas características físicas y reproductivas diferentes.

Por ejemplo, no se reproducirán de las mismas maneras los vivíparos, ovíparos y ovovíparos. No obstante, sí que debes mantener unas condiciones mínimas en el acuario, relacionadas con la temperatura del agua y su oxigenación (25 ºC y a cambiar semanalmente), el suministro de nutrientes (con una presencia importante de aminoácidos y la precaución de que no se produzca la sobrealimentación), la concentración de ejemplares…

Otra circunstancia a tener en cuenta es la de averiguar si has comprado hembras que ya han sido fecundadas, lo que habrá de ser valorado a la hora de calcular los futuros nacimientos. Pero, a grandes rasgos, si se quiere estimular la reproducción de estos animales, vale la pena comprar los peces en grupos de seis u ocho ejemplares. Debes esperar a que se creen las parejas dentro de estos grupos.

Por otra parte, el modo de reproducción va a ser clave cuando de organizar la crianza de los peces se trate.

¿Cómo gestionar correctamente el desarrollo de las crías de pez?

En este aspecto, por ejemplo, los peces ovíparos maduran a las crías en su interior, lo que implica la salida al exterior de los alevines tras el engorde paulatino de un punto grávido que cada vez se irá poniendo más negruzco. Otras especies, por su parte, desovan, lo que conlleva que se vierten unos huevos de los que saldrán las futuras crías de pez.

Tanto en un caso como en otro, para facilitar la crianza de los alevines, puede resultar interesante llevar tanto las crías recién nacidas como los huevos del desove a una pecera especial. Se tratará de una pecera que tendrá las mismas condiciones que el acuario principal, pero en la que las crías serán mantenidas a salvo de que otros peces, sean sus padres o de otras especies, puedan comérselos. De hecho, también hay especies en las que, nada más producirse el apareamiento (una acción relativamente discreta y que suele pasar desapercibida para los criadores), el macho va a ser separado de la hembra.

Y, para que el ciclo de la vida pueda seguir desarrollándose en condiciones óptimas, acuérdate de que es primordial reducir el estrés de las hembras. No convienen, por tanto, la sobrepoblación, la reproducción indiscriminada, las especies incompatibles o los golpes en los cristales.

En definitiva, para que resulte fructífera, no improvises la reproducción de los peces.